martes, 26 de agosto de 2014

La Codorniz - Un día de Caza en Burgos

Buenas,

unos días de parón veraniego, principalmente porque no tenía suficiente cobertura en la costa...

Hace unos días tuve la inmensa fortuna de poder cazar junto con mi padre y un amigo suyo, Antón.  Lo primero, 250 kilómetros de desayuno hasta el coto, saliendo a las 6 de la mañana.

El coto está en la zona de Burgos, mucho trigo recién cosechado, girasol (sorprende la cantidad!) y algún otro cereal.  Buenos regatos y zonas de monte en pendiente no cosechadas.

Antón llevaba sus dos perros, dos estupendos Spaniel, uno negriblanco y el otro pardiblanco.  En negro tiene ya sus casi once primaveras cumplidas, y el otro, casi 10.
Ambos se lanzaron de las jaulas de transporte como locos y empezaron a rastrear (seguramente perdices) por la zona del coche.

Obedientes, comenzaron a trabajar en los regatos... la primera hora, no vimos absolutamente nada, con bastante cansancio para los perros...  Cambiamos de ladera, y Anton escogió un estupendo regato, bastante profundo, convencido de que ese era el sitio, trigo a un lado y lugar de protección perfecto.

Ambos Spaniel se lanzaron al regato y empezaron las "puestas", preciosos, moviendo la cola, quietos como estatuas! Al comando de Antón, entraban y sacaban las preciosas Codornices... una detrás de otra...  Antón iba por la parte alta del regato, yo por la baja y salían más para su lado que para el mío!  Pero el disfrute de ver a un GRAN CAZADOR también es premio de sobra para otro cazador.
Cada Codorniz un disparo, nada de tiroteos, a pesar de portar una Benelli Crio Comfort estupenda!.

Yo llevaba la antigua paralela de mi padre, una Eibarresa Bull, siempre fiel y pegona como una burra enfadada.  Varios tiros, premios para mí, 6, que tampoco está nada mal.

Anton seguía con la mirada las pocas codornices que escaparon, para ver donde volvían a esconderse.  Y la directa era ir a por ellas y allí, con sus dos fieles compañeros de caza, las sacaba y cobraba sin excepción.
Tampoco dejaba de cobrar ninguna, aunque nos llevase media hora encontrarla, síntoma clarísimo de lo que es un cazador y no un escopetero como se ven muchas veces por el campo.

Al final de la jornada, baño para los perros en un riachuelo cercano, una comida en un restaurante cercano y de postre, los otros 250 kms de vuelta.  En silencio, pero con satisfacción, uno de haber tenido un excelente día de caza con 18 preciosas codornices, otro de haber visto a un cazador experto en acción y a otro prácticamente "novel"  y el tercero, de haber disfrutado de la experiencia y compañía de los otros dos.

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