jueves, 14 de julio de 2016

Enseñando a cazar

Ayer unos buenos amigos compartían, casi al minuto, la primera espera en primera persona del hijo de un buen amigo.



La caza es muchas cosas a la vez y se pueden buscar mil palabras para tratar de definirla, pero yo utilizaría dos: Pasión y Experiencia.

Pasión el sentido de forma de vivir la naturaleza y formar parte de ella, de entrar en contacto con una casi necesidad atávica que está escrita en nuestro ADN.  Pasión que nos lleva a vivir la emoción del lance como uno de los sentimientos más puros.  Se trata de una sensación difícil de describir con palabras, los que sienten la pasión de la caza, me entienden perfectamente y saben que es algo que a veces nos oprime el pecho, algo que está justo debajo de nuestra piel o algo que a veces no nos deja casi ni hablar.  Es esa tensión después del lance, ese temblor de manos o el cosquilleo por el cuerpo...

Experiencia en el sentido de sentir y atesorar momentos y en el sentido de aprender de cada jornada.  Cada día de caza nos da una pequeña lección y esos auténticos héroes: a veces de orejas largas y puntiagudas, otras veces de patas rojas y plumaje gallardo, otras veces de imponente cornamenta y pecho amplio o muchas veces, oscuros de mirada infinita y navajas relucientes a la luz de la luna... esos héroes, muchas veces nos dan verdaderas lecciones de inteligencia, de instinto, de velocidad, de astucia, de honestidad...

Pues bien, ayer era el día de autos para el pequeño gran Zagal, en compañía de su padre y de dos buenos amigos, era la primera espera nocturna al príncipe de nuestro campo, el audaz jabalí.  Me cuentan que fue noche intensa, fría, Avileña, de sonrisas y de disfrutes... con lance y con premio...  el premio de que esa primera vez, fuera en compañía de tu padre, y de dos buenos amigos.  Quizás olvides el lance, aunque lo dudo, quizás olvides los olores o lo que comiste ese día... pero lo que siempre tendrás, es el recuerdo de aquella noche de Julio en la que te enfrentaste al mas grande de los maestros del campo... en compañía de viejos cazadores que te apoyaron en tu espalda, todo su conocimiento y su saber y ahora es ya tuyo para siempre.

Seguro que no olvidarás esa noche mi querido Iván.

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